
En (casi) todo el mundo occidental celebramos hoy el día de San Valentín, recordando a un supuesto sacerdote de la antigua Roma ejecutado este día al haberse negado a renunciar al catolicismo y al haber continuado casando a parejas en secreto a pesar de la prohibición del emperador Claudio II. En efecto, la Iglesia Católica celebró este día hasta el año de 1969, cuando decidió eliminar la festividad del calendario eclesiástico.
Mucho antes de la supuesta muerte de San Valentín, sin embargo, cada 15 de febrero se celebraba la Lupercalia en honor al dios romano de la fertilidad, Fauno Luperco, por lo que el mito de San Valentín es considerado un intento de la Iglesia por transformar una festividad pagana en católica sin alterar en demasía las costumbres del pueblo. Más o menos lo mismo que pasó en el Perú cuando la Iglesia comenzó a instalar grandes cruces en la cima de montes reverenciados por los quechuas, ya que se dieron cuenta que los antiguos pobladores del incanato no los iban a dejar de adorar.
Es recién durante el siglo XIX que el día se transforma en Estados Unidos en uno de obsequios a la pareja (los famosos “Valentines”), costumbre que es exportada al mundo hispánico a mediados del siglo XX para incentivar la compra de regalos por parte de las parejas enamoradas.
En 1936, hace 70 años hoy, una compañía japonesa fabricante de chocolates premium, Morozoff, importó a estas islas la costumbre de obsequiar dulces a los novios en esta fecha, y ésta fue abrazada alegremente por la juventud nipona con una ligera diferencia: aquí son sólo las mujeres quienes obsequian chocolates a los hombres. En efecto, todas las tiendas y centros comerciales han estado desde hace un mes atiborrados de par en par de chocolates de las más diversas formas, colores y sabores, dispuestos a tentar a todas aquellas que tienen que comprar diez, quince o más cajas de chocolates para regalar en esta fecha. Y no, no hablo de promiscuidad chocolatera, sino de giri-choco...
Es que en Japón las mujeres obsequian chocolates a sus compañeros de trabajo, a sus jefes, amigos, hermanos, padres y, por supuesto a sus novios. ¡Un mar de chocolate! Las cajas entregadas a aquellos por quienes ellas no sienten un amor especial son llamadas giri-choco, que quiere decir “chocolate de compromiso”, y las mujeres procuran obsequiarles a todos los hombres a su alrededor ya que aquellos que no reciben uno durante este día se sienten frustrados. Los chocolates obsequiados a aquellos por quienes ellas sienten un cariño especial se llaman honmei-choco, o “chocolate para el favorito”, y suelen ser hechos a mano o provenir de una marca muy famosa (como Godiva), y usualmente vienen acompañados de una corbata o algún otro regalo adicional. Es por supuesto considerado muy afortunado recibir un honmei-choco.
Si... aquí San Valentín nació mujer...
Sin embargo, en 1965, un fabricante de marshmallows, ansioso de aumentar sus ventas y conocedor del sentimiento de deuda y compromiso japonés, inició la costumbre del White Day (14 de marzo) como ocasión para que quienes recibieron un giri-choco en San Valentín puedan devolver el favor exactamente un mes después. Las empresas chocolateras se sumaron al negocio y ahora ofrecen chocolates especiales para esta fecha que suelen ser más grandes y caros que los de San Valentín, y vienen envueltos usualmente en papel blanco.
En caso hayas sido tan afortunado de recibir un honmei-choco un mes antes, deberás más bien considerar no sólo la compra de una caja de chocolates, sino también romper tu alcancía para invitar a la chica a una cena costosa en un buen restaurante...
¡Ah! Los japoneses y su manía de transformarlo todo en un negocio.
Y todo, por un santo que no existió...
¡Feliz San Valentín!
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