miércoles, marzo 08, 2006

¡Ay, mujeres...!

Exelentísimo Juez, distinguidos miembros del jurado, noble público presente:

El motivo que nos tiene aquí reunidos, en esta catedral de la justicia, no es otro sino sustentar aquella máxima másculina que nuestros abuelos transmitieron a nuestros padres, y ellos luego hicieron con nosotros, y que nosotros debemos continuar con nuestros hijos. Aquella máxima que ha sido vilipendiada por siglos, pero que nosotros, varones, hemos defendido estoicamente a lo largo de centurias:

"Todas las mujeres son iguales"

Pretendemos demostrar aquí y ahora, señor Juez, que aquella máxima es cierta, que ha sido siempre cierta, y que no deberá ni podrá ser discutida en el futuro, so pena de violar el veredicto que vuestra Usía, confiamos, tendrá a bien emitir.

Para hacerlo, permítasenos presentar ante ustedes una primera prueba referencial, de la que queremos se tome nota y sea llamada de aquí en adelante, "Prueba A". Esta prueba servirá de marco referencial a las posteriores, y por eso la presentamos primero:


Prueba A. Prueba referencial.

Como pueden apreciar, pasadas las dieciséis horas, la temperatura en esta ciudad llamada Kioto, una ciudad cualquiera caracterizada únicamente porque se encuentra en las antípodas, no excedía los seis grados centígrados. Podemos aseverar, con base en la Meteorología, que pasada esa hora la temperatura no sólo no puede aumentar, sino más bien probablemente disminuya.

Tómese en cuenta dicha información, señor Juez, señores del Jurado, y obsérvese a continuación las siguientes fotografías, que tendremos a bien llamar "Prueba B", "Prueba C" y "Prueba D" respectivamente:


Pruebas B y C.


Prueba D.

¡Puede apreciarse claramente, vuestra Señoría, cómo las mujeres prefieren sufrir la incomodidad de las inclemencias del clima, antes que dejar de mostrar cuanta piel puedan! Eso es verdad, y todos los varones lo hemos sabido siempre. ¡Ay de aquel entre nosotros que ose preguntarles, amablemente preocupados por su salud, el por qué no usan prendas más abrigadoras! Una mirada fulminadora lo atravesará mientras escucha aquella improbable -pero siempre repetida- respuesta, "porque así se ve mejor".

Que quede constancia en base a las Pruebas B, C y D, su Excelencia, cómo todas las mujeres preferirán siempre la imagen por encima de la salud, no importando el lugar en el que vivan.

Ahora procederemos a mostrar las siguientes fotografías, que denominaremos "Prueba E" y "Prueba F" respectivamente:


Prueba E.


Prueba F.

En base a las pruebas aquí presentadas podemos confirmar, su Señoría, que cuando jóvenes las mujeres siempre se juntan en grupos (usualmente dúos), salen a comprar juntas, visten lo mismo, se maquillan de manera similar, y, en general, tratan de confundirse unas con otras, confundiéndonos más bien a nosotros, pobres e inexpertos varones.

Que quede constancia, entonces, que en todo el planeta las mujeres, cuando jóvenes, visten igual que los demás miembros de su grupo. No discutiremos más este punto de evidencia absoluta.

A continuación presentaremos antes usted, excelentísimo Magistrado, y ante ustedes, distinguidísimos miembros del Jurado, aquella que llamaremos "Prueba G":


Prueba G.

El agua no puede ser más clara que esta prueba, Usía, y queda demostrado que las mujeres, en época escolar -y muchas veces también pasada aquella etapa, pero no presentamos pruebas aquí así que nos abstenemos de afirmarlo-, primero, se suben la falda cuantos centímetros puedan (concuerda con las Pruebas B, C y D), segundo, se juntan en grupos al salir por la calle (concuerda con las Pruebas E y F), tercero, gustan cargar bolsas de compra con ellas demostrando que son compradoras compulsivas -y nótese que ninguna carece de bolsa demostrando, asimismo, que puede haber discriminación en el grupo si una de ellas no compra con las demás-, y cuarto, siempre tienen una líder que camina delante de todas y a la que todas deben respeto permanente. Las Pink Ladies de la película Grease son otro claro ejemplo de lo que aquí mencionamos.

Señor Juez, señores del jurado, público presente. Hemos presentado ante ustedes pruebas contundentes, irrefutables y avasalladoras que demuestran que aquella frase que nosotros, miembros de la hermandad masculina, hemos repetido hasta el cansancio, "todas las mujeres son iguales", es cierta aquí y en todo el mundo. Solicitamos por tanto a usted, su Excelencia, se nos permita el uso de la misma a nuestro libre albederío de aquí y por toda la eternidad.

Señor Juez, nos retiramos ahora y quedamos a la espera de la versión femenina. Confiamos en que su imparcial veredicto nos dará la razón.

Con su permiso, procedemos a retirarnos.

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